Celular, Internet y la Play…


Cuando se intenta explicar las causas de la deserción deportiva o la falta de constancia en los procesos deportivos de categorías formativas, estos tres factores son en varias oportunidades los “demonios” a los que se adjudican dichos males. ¿Será así?

”Acá lo que pasa es que los chicos están todo el día “idiotizados” con la maquinita…”. “En mi época, no existían estas cosas, y jugábamos todo el día al básquet…”. “Así no va… ¿qué nos depara el futuro con estos chicos…?”

Si usted señor/a lector/a cree que estos comentarios pertenecen a ancianos sabios de más de 80 años, se equivoca. El que escribe pertenece a la generación de los que empiezan a transitar los 30, y ha escuchado (cuando no pensado él mismo alguna vez) frases muy similares…

Lo que antecede merece reflexión, ya que hechos concretos demuestran diferencias esenciales entre los jóvenes deportistas de hoy y su proceso de socialización y entretenimiento, y los de hace 15 años (sí, quince, y no sesenta como puede parecer).

Que la telefonía celular y la tecnología on-line han penetrado en el núcleo de los procesos de interacción de adolescentes (y niños también) es cierto. A tal punto que un porcentaje muy significativo de las acciones cotidianas de ellos están directa o indirectamente relacionadas con el uso de estos recursos.

Que las consolas de video-games ha provocado una utilización masiva de la diversión digital, a través de los cada vez más sofisticados y realistas juegos, también es cierto.

Por ende, los moldes según los cuales nos comunicábamos y entreteníamos quienes éramos pre-mini a comienzos de los 90 y hoy, se han modificado sustancialmente. Pero esto no quiere decir que de manera automática caigamos en la etiqueta de que lo anterior era mejor que lo actual. Es diferente, en todo caso, y para los adeptos a pensar que todo pasado fue mejor, no debe ser alentador darse cuenta de que los cambios no paran, y las unidades de tiempo son cada vez más cortas en torno a la incorporación de nuevos artefactos y tecnologías.

Por eso esta columna. Para situar en un pedestal el significado de la palabra “adaptación” (lo cual no es lo mismo que resignación).

Habiendo recabado numerosos datos en torno a las causas de deserción deportiva e intermitencias en la asistencia a entrenamientos y competencias de jóvenes deportistas, en diferentes ciudades de nuestro país, en diferentes clubes, en diferentes categorías y con diferentes estilos de entrenadores, el motivo que aparece con mayor frecuencia es el de “una oferta deportiva insatisfactoria”. Hablando en criollo, el chico no encuentra en el club lo que busca.

¿Culpa de entrenadores?, ¿de dirigentes?, ¿de padres? No. No es cuestión de culpabilidad, sino de necesidad de debatir las metodologías y medios de aproximación con los cuales abordamos la práctica deportiva de nuestros jóvenes, porque esos mismos jugadores que hoy dejan de jugar o van y no van sistemáticamente, NACIERON con Internet, videos juegos y celulares, y así todo, fueron al club, empezaron básquet, y continuaron por algún tiempo.

De manera tal que la materia prima estuvo, y parte de su vida ya eran esos “demonios” a los cuales atribuimos tajantemente las causas del problema. De ese debate, formamos parte todos, cada uno desde su lugar. ¿O no sucede que en el interior de los hogares muchas veces la misma máquina que idiotiza, es la que nos saca la tarea de relacionarnos con nuestros hijos cuando venimos cansados del trabajo, y con voz mezcla de dulzura y mandato les decimos: “Andá a jugar un rato en la compu, ¿querés?”

Así como la vida de ellos cambió, la nuestra como adultos también, y por supuesto que tenemos el derecho de descansar cuando venimos de nuestros quehaceres laborales. El denominador común de todo esto, es que los “sí porque sí” y los “no porque no”, ya no funcionan, las épocas nos proveen de “desconcertantes” dispositivos que “vaya a saber uno cómo funciona esta porquería” con una frecuencia rapidísima, y en el medio está nuestro joven deportista listo para ir al club a practicar, o dejar de ir… para quedarse a jugar a la Play.

Si esto sucede, y nada parece que vaya a detenerlo, ¿habrá que modificar algo en los mensajes que emitimos, en las formas en las que enseñamos, en los valores que inculcamos, en los modelos de competencia de diseñamos… o deberemos contentarnos con echarle la culpa, por enésima vez, a esas “malditas maquinitas”?

Hasta la próxima columna.

César Bernhardt
Socio Gerente de Match Gestión en Deporte

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