Formación integral, esa hermosa frase


Cuántas veces hemos hecho de nuestras palabras una herramienta poderosa al decir “apuntamos a la formación integral del joven, porque antes que el deportista, está la persona”. ¿Qué significa formación integral?

Lo confieso: tantas veces he escuchado hablar de la formación integral en mis años de deportista, en tantos contextos y situaciones diferentes, que me dije: “ese es el norte”. Cómo habrá sido el norte que ya en épocas de colegio secundario (y ni qué hablar cuando ingresé a la universidad) la comencé a utilizar como carta ganadora en todos los trabajos escritos encomendados cuando había que enumerar objetivos que contuvieran a la persona y al deporte simultáneamente.


Frase linda si las hay, en todos lados queda bien, solamente dos palabras, impacto potente, siempre genera adhesión, nunca oposición.

Ya del otro lado del mostrador, ejerciendo el rol de psicólogo deportivo, he sido testigo de que una inmensa mayoría de deportes a través de instituciones y clubes sostienen entre sus principales fundamentos la formación integral como objetivo prioritario, a favor del desarrollo personal y social por sobre el atlético. Por lo tanto, este tema se constituye como un apartado importantísimo, ya que cientos de miles de jóvenes a lo largo y a lo ancho de la Argentina están siendo educados deportivamente bajo este precepto.

Hasta ahí todo fantástico. Sin embargo, grande fue mi sorpresa cuando luego de tantos años creciendo al son de estas palabritas, me pregunté: ¿qué es concretamente la formación integral?

Compartir esta pregunta con diferentes entrenadores, padres y dirigentes del país, en diversas disciplinas, regiones y niveles de competición, arrojó las siguientes conclusiones: todos entendemos que es “algo” que va más allá de lo eminentemente deportivo, que tiene que ver con los valores, y cuando se  enumeran estos valores la lista contiene decenas y decenas de ellos. Hasta allí todo bastante inespecífico. Y el consenso es nulo cuando la pregunta es: “si la práctica deportiva tiene que ver predominantemente con entrenar… ¿cómo se entrena la formación integral?” En los papeles está bárbaro cómo plasmarlo; en la cancha, bastante difuso cómo conseguirlo (hay lugares donde  se logra, y muy bien).

Entrenar desde una mirada integral implica desarrollar habilidades sociales e individuales a través de las diversas ejercitaciones y situaciones de competencia de la que un joven deportista es protagonista. Y es aquí donde radica el núcleo del concepto para poder definir sólidamente la idea de esta columna: la formación integral existe solamente cuando EL ENFOQUE Y LA PERSPECTIVA DEL SISTEMA DE ENTRENAMIENTO ESTÁ CONFECCIONADO EN FUNCIÓN DE LAS NECESIDADES DEL DEPORTISTA, mucho más que en las necesidades de entrenadores, dirigentes y padres.

Parece obvio, pero no lo es, ya que sobran los ejemplos en los que se ven entrenadores trabajando más para sí mismos que para sus jugadores (la categoría de este año me sirve para “escalar” a otra el año que viene), dirigentes que persiguen en la consecución de éxitos deportivos a corto plazo los motivos para validar sus gestiones al frente de comisiones directivas, y padres que compiten entre ellos usando la competencia de sus hijos.

Sucede en todos los deportes. Nuevamente, cabe destacar que también hay casos (afortunadamente muchos) en donde tanto entrenadores como dirigentes y padres cumplen con su rol de manera excelente.

¿Rol de manera excelente? Sí, y es muy fácil observarlo, y medirlo: simplemente hay que verificar la COHERENCIA ENTRE LO QUE SE DICE, Y SE HACE, cada uno desde el lugar que le toca. Así seguramente se podrá potenciar la responsabilidad en nuestros jóvenes enseñándoles la importancia de formar parte de un equipo y asumir un compromiso; la solidaridad en el hecho de compartir funciones y tareas dentro del marco del respeto; la constancia y la voluntad al fomentar la adherencia y la asistencia a las actividades propuestas. El valor de no hacer trampa.

Los chicos aprenden, copiando de nosotros los adultos, lo que ven.

Ellos son nuestro reflejo. De nosotros depende “integrar” su formación, esa hermosa frase, que suena tan bien.

Hasta la próxima columna.

César Bernhardt
Socio Gerente de Match Gestión en Deporte

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