La formación de los que forman


La oferta en capacitación para los entrenadores goza de una tradición que ya tiene décadas. Sin embargo, no siempre estos espacios conforman todas las expectativas de sus mismos protagonistas. Entonces, ¿cuáles podrían ser las oportunidades de mejora en función de las experiencias previas?

“Mirá, la verdad que las últimas tres clínicas fueron más o menos lo mismo”.  “Al final, uno va como disertante, y la mitad del auditorio escucha, mientras que la otra mitad charla con los amigos”. “Todo bien con lo que dice esta eminencia, pero yo en mi club tengo dos pelotas, 10 pesos para traer jugadores, y si pierdo tres partidos seguidos, me quedo sin el trabajo…”.


Éstas y otras frases, según mi humilde experiencia, son moneda corriente en los (necesarios) espacios de capacitación que organizan las instituciones que reglan el estamento de los entrenadores de básquetbol.

Entendiendo que la actitud de querer aprender conlleva a la aptitud para poder desempeñar la profesión correctamente, y que el básquetbol ostenta el excelente dato de poseer año a año cursos, clínicas y seminarios en lo que se refiere a la formación de entrenadores (contrariamente a lo que sucede en otros deportes, donde en varios casos no existen entidades oficiales que reglen los contenidos básicos que permitan adquirir la licencia correspondiente), es que creo que bien vale la pena ofrecer una opinión acerca de los debates que podría ser interesante abrir, sin otra finalidad que la de enriquecer todos los aspectos buenos que las experiencias previas han arrojado, y enumerar las oportunidades de mejora a futuro en virtud de propuestas concretas.

En este sentido, sostener la idea que la capacitación es, en definitiva, la brecha que debemos cubrir entre el estado real actual del entrenador, y el estado potencial futuro del mismo, es una sólida largada para pensar desde dónde proponer contenidos que llenen ese espacio.

En segundo lugar, establecer un punto de llegada en la formación del docente en básquetbol permite enumerar específicamente qué perfil de entrenador se pretende, cuáles deberían ser los rasgos –al margen de los conocimientos técnicos y tácticos solicitados– que cada uno debería poseer, a los fines de homogeneizar las características psico-sociales de las personas que se ponen al frente de grupos de infantes, adolescentes, jóvenes y/o adultos.

En tercer lugar, se impone, en función del ítem anterior, un punto común de inicio para determinar los caminos de las capacitaciones. Bien es sabido que entre los participantes de éstas, tenemos a profesores de educación física, entrenadores de divisiones formativas, ex-jugadores profesionales, directores técnicos de niveles competitivos de elite, etc. De este modo, es claro observar que existen, de base, diferentes puntos de largada a la hora de diseñar productos de formación. Por consiguiente, y anticipando el momento en que, sin lugar a dudas, las opiniones van a ser distintas (y hasta opuestas), sería importante consensuar bases a partir de las cuales enseñar a enseñar.

Finalmente, considero pertinente hacer hincapié en un asunto que permanentemente se encuentra presente en toda  ocasión que tenga que ver con aprender (y no solamente en el ámbito del básquetbol, sino en todo el abanico de la esfera académica): las piedras en el camino que se interponen con frecuencia, tanto desde las carencias de los docentes, como de los alumnos, a los fines de poder concretar los objetivos propuestos en materia de formación. En el caso de los primeros, quizás convendría poner sobre el tapete que en eventos pasados, y no con todos los disertantes por supuesto, la falta de habilidad en la oratoria, en la escucha activa, en la planificación de contenidos, en la improvisación, en el abuso del anecdotario personal como vía para validar tal o cual cuestión, son aspectos a cuidar, y por qué no, a enseñar a desarrollar, para que se enriquezca la calidad del producto. En el caso de los segundos, entender que muchas veces el que se sienta como alumno en un aula tiene expectativas que se desconocen, resistencias al cambio, incredulidad en el docente de ese momento, entre otros ítems, son asuntos que también deberían ser tenidos en cuenta a la hora de asignar conocimiento al profesor.

Estos puntos son solamente una opinión respecto de nuestra realidad deportiva, en cuanto a los que enseñan básquetbol. Para nada constituye una crítica acérrima, sino una intención de mejora teniendo en cuenta la proactividad de las instituciones que afortunadamente velan por el crecimiento del SABER HACER del entrenador de básquetbol.

Hasta la próxima columna.

César Bernhardt
Socio Gerente de Match Gestión en Deporte

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