“Nadie se baña dos veces en el mismo río”


Los inicios de las temporadas siempre traen la incertidumbre de saber qué va a ocurrir con el equipo. ¿Ganaremos, perderemos, jugaremos lindo o un básquet rústico? Por supuesto que la característica de los jugadores que tiene un equipo te da una pauta, un indicio que intenta responder a estas preguntas. En todos los deportes en conjunto se genera una sinergia de equipo (que intenté desglosar conceptualmente o describir en mi primer columna de Básquetblog) que potencia o disminuye las capacidades individuales de jugadores y cuerpo técnico por igual. Es este cambio de piezas, este cambio de engranajes el que genera maravillas en algunos jugadores y detrimento de rendimiento en otros: “¿Cómo puede ser que Fulano de tal la rompió la temporada pasada y esta temporada la está pateando?”, “¿Por qué si la temporada pasada este jugador hacía esto y aquello, esta temporada no lo hace más?”, “¡Cómo creció este jugador: la está rompiendo!”. Son todas frases comunes en el ambiente basquetbolístico, y dependen en más de una ocasión de esa manera de engranar capacidades con los jugadores que se tiene al lado. Haciendo una analogía con la frase de Heráclito que le dio título a esta columna, temporada a temporada el contexto y la coyuntura cambian: todo río, por serlo, es y no es el mismo. Lo es en su cauce, pero no lo es en su corriente, en el incesante flujo de sus aguas.

Por supuesto que hay ambientes propicios o adversos para desarrollar las capacidades y ponerlas o no en función de un equipo, pero es en esta magia de equipo donde la temporada no será “sólo una temporada más”. Es aquí donde radica la verdadera riqueza de las profesiones. Los entrenadores pueden entrenar cuestiones tácticas, técnicas, impartir valores, cultura a sus equipos. Pero cuestiones de personalidad como la tolerancia entre los integrantes, el reconocimiento mutuo, la empatía que se logre, el adecuado engranar de personalidades es el que logrará darle valor agregado a un equipo de capacidades limitadas, o disminuir el rendimiento en equipos que sólo tengan “nombres”.

Todos los que jugamos este deporte profesionalmente sabemos que todos los años algo de esto ocurre: Equipos “tapados” que hacen muy buena liga, equipos de grandes presupuestos que terminan lejos de cumplir los objetivos planteados, y equipos que cumplen a la larga con sus objetivos, por capacidad individual, grupal y condiciones favorables para el desarrollo de los planes trazados.

Dicho esto, creo que es bueno comenzar todas las temporadas con cierto aire de frescura, de una sana incertidumbre que potencie a los equipos menos valorados, y por otro lado haga “concentrar” a los grandes para evitar relajaciones, subestimaciones y puedan llevar adelante los resultados deseados.

De esta manera, el básquetbol en general debería aumentar su nivel, para encontrarnos la temporada que viene un paso más arriba de donde nos encuentra hoy. En definitiva, lo que trato de delinear es que cada temporada es diferente, cada partido es diferente (¡sobre todo en playoffs!), inclusive cada día es diferente (quizás esto es lo más lindo a la larga), por lo tanto “nadie se baña dos veces en el mismo río”.  Hasta la próxima.

GERMÁN BERNHARDT
Jugador de Asociación Italiana de Charata

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