El clásico

Columnistas Germán Bernhardt
Como parte del folclore del deporte, se generan los bien conocidos clásicos. Algunos con más historia que otros, algunos con más rivalidad que otros. Algunos de estos partidos en la actualidad o en la historia son y fueron: Atenas vs. Ferrocarril Oeste, Peñarol vs. Quilmes, Libertad vs. Unión de Sunchales, Progesista vs. Alvear de Villa Ángela, Italiana vs. Española de Charata, Quimsa vs. Olímpico, Argentino vs. Ciclista de Junín, etc. A nivel profesional, cuando los jugadores no son necesariamente hinchas de los clubes, se genera una situación de la que la gente es protagonista y no los equipos. El juego en cuestión es en sí una anécdota, el motivo pasajero, como la cena de Navidad es el motivo de la junta familiar. Comienzan las cargadas, apuestas, “pasadas de factura” históricas entre grupos de amigos, dirigentes, ex empleados de los clubes, que a veces traen una cola de cuestiones que exceden ampliamente lo deportivo para pasar al terreno de la rivalidad, la bronca, el resentimiento entre “viejos conocidos”… el club “de los ricos” vs. el club “de los pobres”, el club “de los helados” vs. el club “de los cojonudos”, el equipo que “juega bonito” vs. el equipo “rústico”… Y las respectivas combinaciones de estos factores: “este equipo juega lindo, son ricos, pero pierden”, o viceversa, “rústicos y todo, con 2 pesos, ganan”. Esa es la clase de combinación que la gente traslada a sus trabajos, sus relaciones, etc.

Entonces, ¿qué son todas estas definiciones para la gente que no sea justificar y reconocer-se sus propias características o su momento de la vida? Y por ello, la derrota o la victoria cala hondo en los corazones de los hinchas.

En consecuencia la semana posterior a los clásicos deja en el haber una importante cantidad de carne, cabrito, cerdo, bebidas alcohólicas y no alcohólicas vendidas, en donde unos damnificados pagan y otros beneficiados hacen la digestión de tan bellos productos, mientras se deleitan gozando a sus contrincantes, o en el mejor de los casos comiendo con ellos por la compasión del derrotado.   En casi la totalidad de los casos, son partidos diferentes, con un marco de público mucho mayor en cantidad y en vehemencia, en los cuales los jugadores y cuerpo técnico tienen que disfrutar de esa experiencia y donde dirigentes e hinchas deben sufrir, como sufre quien espera que “su” caballo llegue primero en el hipódromo.

Como ya está probado, el ser humano no actúa de la misma manera sólo que cuando está en masas de gente. Las cosas se desvirtúan fácilmente, y hasta los más responsables y callados se desconocen cuando los ambientes deportivos “se caldean”. En esto hay que tener mucho cuidado, y las autoridades no pueden hacer caso omiso a esta cuestión. Hay que recordar y mantener a rajatabla el concepto de que el básquetbol es un espectáculo para toda la familia, en un ambiente cerrado, con estructuras que muchas veces no brindan las mejores condiciones ante un eventual problema. Es aquí donde debemos encargarnos de recalcar, sobre todo en las semanas inmediatamente previas a estos encuentros, que la rivalidad y competencia deben desarrollarle en un clima cordura, de sano humor y sanas “cargadas”, en donde de ninguna manera deben sufrir consecuencias físicas los espectadores que fueron a disfrutar de un espectáculo. Esta aclaración, en nuestro país, creo que nunca está de más.

Hasta la próxima.

GERMÁN BERNHARDT
Jugador de Asociación Italiana de Charata

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