Atenas cayó claramente ante Peñarol en el inicio de la final de la Liga Nacional

Matías Lescano encabeza el camino a los vestuarios luego de la dura caída en Mar del Plata.

Sin atenuantes. Porque en las instancias finales, no se pueden cometer errores. Y mucho menos en demasía como lo hizo Atenas. Con una solvencia sorprendente, Peñarol aplastó al conjunto cordobés por 95-64 en el primer juego y puso la serie final 1-0 a su favor. Porque repitió poco y nada todo lo hecho frente a La Unión primero y Quimsa después. Porque del otro lado, tiene a un rival que, a través de su experiencia, conoce lo que es jugar definiciones. Y, además, porque nunca pudo imponer su juego, el “griego” jamás tuvo alguna oportunidad y terminó inmerso en un pozo de duda e incertidumbre.

Los dirigidos por Sebastián González entraron nerviosos y lo pagaron caro. El conjunto de Mar del Plata ató y nunca dejó pensar a Atenas. Le cortó todos los circuitos de juego, anuló la dupla extranjera (Lewis-Williams), y rápidamente comenzó a tomar ventajas. Una defensa asfixiante, la efectividad por las nubes (14/26 en triples y 56% en tiros de campo), y la inteligencia para manejar la bola, hicieron que antes de la primera mitad, Peñarol se meta en el bolsillo el primer “chico” y le propinara la peor derrota de la historia en finales (la peor era por 24, 104-80 ante GEPU, el 21/5/92).

Sebastián González intentó frenar a Peñarol pero nunca pudo torcer el rumbo del encuentro.

De movida, los locales se dispararon en el marcador. Con un Leonardo Gutiérrez intratable (23 puntos y 7/12 en triples), más el aporte de Sebastián Rodríguez (15 tantos y 4 rebotes), se escaparon 5-0. Al elenco verde le pesó el arranque y tardó en acomodarse. Al promediar el cuarto, los de Sergio Hernández ya ganaban 18-5, pero un triple de Matías Lescano (terminó con 7 unidades) sobre el cierre, hizo que concluyera 24-16. A esa altura, el banco de Atenas había rotado completamente pero nada cambió. La reacción no apareció y Kyle Lamonte (18 puntos y 7/10 en cancha), se encargó de ir aumentando la distancia (36-20), encestando desde donde se lo propusiera. Un par de bombazos de Gutiérrez junto a los de Selem Safar (8 tantos, 2/4 en triples), sacaron la máxima de 25 (55-30), en la penúltima jugada del segmento.

La vuelta del descanso largo tampoco causó efecto. El ánimo del equipo cordobés estaba por el piso. Aún logrando bajar la cantidad de puntos en contra con respecto a los cuartos anteriores (recibió 18), no sacó provecho. La ofensiva siguió siendo una utopía y permitió que, por medio de Martín Leiva (13 puntos y triple incluido), los locales siguieran estirando la máxima a 28 (71-43). Ya estaba todo sentenciado. El período decisivo estuvo de más. Algunos pasajes de Bruno Lábaque y James Williams (ambos con 13 unidades), llevaron a que la historia no fuese aún peor. Ahora, la clave pasará por ver quién digiere mejor el resultado. Porque el exceso de confianza a veces lleva a confundir y relajar. En cambio, el tocar fondo, casi siempre a relucir lo mejor.

Bruno Lábaque habla con sus compañeros. El viernes, el Griego buscará revancha.

ENTREVISTA CON SEBASTIÁN GONZÁLEZ

Planilla Oficial

> Fotos: Gentileza Mariana Isa.

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