Atenas cayó ante Peñarol y deberá ganar los tres juegos restantes para ser campeón

Atenas - LamonteKyle Lamonte, goleador del juego con 22 puntos, superó a todos sus marcadores y fue figura en el Orfeo.

Bastó el arranque de la segunda mitad, para confirmar lo que era, hasta ese momento, una sensación. Porque se repitió la historia. Tal cuál como sucedió en Mar del Plata (sobre todo en el primer juego), Atenas no se encontró en toda la noche y volvió a perder ante Peñarol categóricamente, esta vez 86-59, para quedar 1-3 en la serie y a un paso de perderlo todo. Desdibujado por donde se lo mire, falto de confianza y sin respuesta anímica, el conjunto cordobés dejó una imagen bastante pobre. Casi utópica, si todavía se piensa en soñar.

Los cordobeses jamás pudieron prevalecer, nunca pudo atacar con inteligencia, le cerraron todos los espacios, abusó del tiro exterior (4/22 en triples, 18%), y abolló el aro toda la noche (36% en tiros de campo). Por su parte, los marplatenses apostaron a la defensa y el contragolpe en la primera mitad. Una vez que tomaron ventaja, circularon la bola con llamativa facilidad y lanzaron siempre cómodos (54% en triples y 58% en tiros de campo). Además, y por si fuera poco, tomó el doble de rebotes que Atenas (42 contra 21). Números que sintetizan la enorme diferencia.

Como a lo largo de toda la serie, Leo Gutiérrez provovó mucho daño desde el perímetro.

Dejando de  lado los primeros cuatro minutos, en los cuáles atacó y defendió con criterio, el conjunto de Sebastián González desapareció. Rápidamente perdió el orden ofensivo, no pudo jugar nunca más cómodo y aflojó en defensa. A esa altura, Kyle Lamonte (22 puntos y 75% efectividad), hacía lo que quería y cerró el primer parcial 19-18 para los visitantes. Y en ese momento, se produjo el quiebre. Con un parcial de 9-0, y con un Leonardo Gutiérrez encendido (20 tantos y 5 triples), Peñarol se escapó 28-18. El elenco de barrio General Bustos tardó poco más de cinco minutos en convertir en el cuarto y la diferencia era enorme. Ni siquiera funcionaba desde la línea de libres (0/5 en ese pasaje). Los visitantes sacaron la máxima y se fueron al vestuario 36-24.

La vuelta no fue muy distinta. El “verde” volvió muy ansioso y lo que menos provocó fue una reacción. La desesperación fue ganando protagonismo y todo era más difícil. Lejos de relajarse, los de Sergio Hernández se propusieron liquidarlo y, desde el perímetro, fueron aumentando cada vez más la distancia para terminar arriba por 21 (58-37). El capítulo final de poco sirvió. Tal como pasó en los tres cuartos previos, Atenas erró más de lo que convirtió y la grieta era cada vez mayor. Ya había concluido todo. Sin margen de error (está obligado a ganar los tres juegos restantes para ser campeón), los cordobeses irán a Mar del Plata a jugarse las últimas fichas de un serie que pareciera haberse inclinado en demasía.

Fotos: Gentileza Ignacio Niño.

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