Pablo Bertone (parte 1): El partido ante Kansas fue el mejor momento de mi vida

Pablo Bertone triplicó sus números en su segunda temporada en la NCAA y tuvo actuaciones memorables. Sin embargo, no todo fue un camino de rosas para el cordobés.

Como en la cancha de básquetbol, Pablo Bertone no se guarda nada. En una extensa charla con Basquetblog, el cordobés que juega en Florida Atlantic analiza en profundidad su campaña en la NCAA y cuenta sobre sus sueños y esperanzas a futuro. En esta primera parte de la nota, el pibe nacido en Arroyito repasa una temporada en el básquetbol universitario estadounidense que lo llevó de un extremo a otro. Desde el éxtasis de ser la gran figura ante Kansas (subcampeón del torneo NCAA), en un partido de repercusión nacional y en un ambiente NBA, hasta una etapa de crisis con su entrenador (Mike Jarvis), reflejada en sus pocos minutos en cancha. Con mucha personalidad y muy seguro de sí mismo, Bertone no deja pasar ningún detalle en esta jugosa entrevista.

-Si uno revisa los números de tu primera temporada y los compara con ésta, se encuentra con un gran progreso en prácticamente todos los rubros. ¿Qué análisis hacés sobre tu segunda temporada?

-Sí, la verdad que tripliqué prácticamente mis números en todas las casillas y manteniendo los mismos porcentajes, que eso es todavía mejor. Y si no hubiese tenido un bache de más o menos 8 partidos en los que no me tuvieron en cuenta, posiblemente hubiera terminado todavía mejor o por arriba de los 10 puntos de promedio, como estaba al comienzo de temporada, lo cual es un número muy alto para la NCAA.

-Hiciste una primera mitad de la temporada excelente, coronada con un partidazo ante Kansas (17 puntos, 12 rebotes y 3 tapas). ¿Qué recordás de aquel partido?

-Fue el mejor momento de mi vida, sinceramente, más allá del resultado. Primero que uno en universidades consideradas “low major”, como nosotros, que estamos en transición a ser una legítima “mid major”, como Gonzaga, George Mason, VCU, o el mismo Temple, etcétera. Esperamos partidos como estos, son los que se llaman “money games”. Prácticamente te pagan para que vayas a su casa y sea una victoria garantizada para atraer a su gente y mejorar su récord. Así que de entrada vamos de punto. Me acuerdo que ese día llegamos a la mañana a tirar al aro y todos sacando fotos al final de la práctica. Estaba Nick Collison y Xavier Henry tirando al aro porque la NBA estaba en lockout y siempre te encontrás con jugadores NBA en canchas así. A la siesta no pude dormir de la ansiedad que tenía. Así que me fui a hacer pesas al gimnasio del hotel. Después llegamos a la cancha 2 horas antes del partido y ya había una cola que daba vuelta la esquina, inclusive con carpas, esperando para entrar. Y adentro, cuando salimos a tirar al aro, una hora y media antes del partido, el estadio estaba mitad lleno ya: nadie se quiere perder nada ahí. ¡Son muy fanáticos! En el partido nos sacaron una diferencia por un par de errores, que esos equipos no te perdonan, pero la verdad si ves el juego, el resultado mentía (77-54 Kansas); no fue tanta la diferencia.

-Te llevaste elogios hasta del propio entrenador de Kansas, Bill Self ¿no?

-Sí, me llamaron para conferencia de prensa y la gente, muy respetuosa, me felicitaba por la entrega y la forma de jugar. Inclusive me felicitaron muchos de los fans de Kansas. Yo no lo podía creer sinceramente. Un partido de esos ya te pone en mira de scouts NBA: es increíble lo que genera.

-Y por momentos, jugando de 4 te tocó defender Jeff Whitey (2.13 metros). ¿Cómo fue eso?

-Lo controlé un par de posesiones, tratando de que no reciba. Pero una vez que le llegaba la pelota al poste tenía que darse vuelta y tirar por arriba mío, nada más; ahí no podía hacerle nada. Lo que me gustó más, fue cuando quedé cruzado, un par de veces, con Thomas Robinson (top 5 para el próximo Draft de la NBA): con ese había que fajarse un poquito más (risas).

-Me contabas sobre un bajón que tuviste durante tu temporada, ¿Qué pasó?

-Empecé la temporada bien, jugando de alero. Más tarde, como este año no teníamos un verdadero pivot (porque fue transferido de Baylor y no podía jugar), el entrenador decidió cambiar el estilo de juego: íbamos a jugar fuerte y rápido, con una formación chica. Así que probó conmigo empezando de 3 y después moviéndome al 4. Ahí me fue mucho mejor todavía, tuve mis mejores partidos, por la diferencia de velocidad y agilidad con el 4 del otro equipo. Pero seguíamos a los tumbos y terminaron poniéndome ya de 4 todo el juego. Hubo 3 partidos en los cuales la pateé, porque arrancando de 4 no entraba con ese ritmo de “externo”. Quieras o no, ya entrás con la cabeza de 4 y a hacer cosas de 4. Mi juego se limitaba a dos opciones en ataque solamente y no tenía rebote porque debía fajarme con tipos de más de 2,05 metros. Así que le dije al entrenador: “Mirá, no puedo arrancar más de 4. No tengo problemas en ayudar al equipo en lo que sea, cuando me necesites de 4. Pero no empezar ahí, porque si no arranco con ese chip de entrada y realmente no puedo, no es mi posición”. Esa charla llegó en medio de una mala derrota, así que en la reunión me dijo que el problema era yo y mi cabeza y muchas cosas más. Le cayó re mal. A partir de ahí, de 3 directamente no me ponía más de 10 minutos, por capricho de él, nada más que eso. Y después entraron en un “jueguito” de pasarme de una posición a la otra, pero no me hacían jugar. Estaban perdidos, ni ellos sabían lo que hacían. Él nunca entendió que yo jugaba mis mejores partidos empezando de 3 y después pasándome al 4. Finalmente, se dio cuenta y volví a jugar un poco más, al último. Pero si te ponés a pensar, en la parte final de la temporada, apenas “volví” ganamos dos seguidos en casa contra Denver y North Texas; en ambos influí muchísimo en todas las casillas. Después fuimos de gira: Ante Western Kentucky llevo 7 puntos en 2 minutos de juego, y no me vuelve a poner hasta la segunda mitad. Nos costó el partido. Y el próximo, en Tennessee, casi ni me puso. Y eso es una de las cosas que le recriminé en una reunión que tuve con él: no puede tener tremenda inconsistencia en la rotación, porque nadie sabe cuál es su rol y estamos ahí adentro después sin saber qué hacer.

-¿Cómo quedó tu relación con el técnico?

-Todos sabemos cómo es y cuál es la situación. El tipo es muy particular, tiene mucho ego, por lo que no va a cambiar. Y lentamente te va comiendo la cabeza. Por eso, o terminás mal de la cabeza, o te transferís a otra universidad, o te cruzás con él. Y yo le dije, le detallé particularmente con ejemplos cuáles son las cosas que nos van comiendo la cabeza día a día y que hacen que nadie quiera jugar para él. Así que le hablé, con mucho respeto, pero recriminándole muchas cosas. ¿Le gustó? No creo. ¿Va a cambiar? Tampoco. Pero me escuchó y le hablé por casi 2 horas. En fin: a mí no me tiene que gustar mi jefe necesariamente. Pero si en la cancha nos entendemos, vamos a andar bien. Así que me siento con mucho poder de decisión y libertad como para probar una temporada más con él, eso es todo.

-Mostraste carácter, ¿sentís que te ganaste su respeto por cómo le hablaste?

– Yo fui el único que le hablo así. Los demás no tuvieron la personalidad para hablar y ahora la mayoría se tiene que cambiar de equipo (Kore White, Omari Grier y Ray Taylor dejaron el equipo). Yo al hablar así me gané el respeto de él y quedé como el líder del equipo. Así que bueno, acá cada uno tiene que pensar por uno mismo al final del día.

Foto: Universidad de Florida Atlantic.

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