Archivo de la categoría: Columna César Bernhardt

¡Ya sé qué quiero ser cuando sea grande!


“Mamá, papá, cuando yo sea grande quiero ser… ¡¡ÁRBITRO!!” ¿Qué diríamos ante tal expresión de deseo? ¿Alentaríamos a nuestro pequeño/a a abrazar los caminos del referato?

Qué pedazo de dilema si uno de nuestros hijos/as viene con firmeza y nos tira sobre la mesa la idea fija de que quiere ser… ÁRBITRO.

Como hombre del deporte en general, y psicólogo dedicado a estos temas en particular, he tenido la oportunidad de presenciar muchos eventos deportivos: en diversas disciplinas, en ambos sexos, en categorías recreativas y en alta competencia, en grandes ciudades y en pequeños pueblos… y adivinen qué tienen en común la mayoría de las veces todas estas contiendas… sí, sí, acertaron: la opinión que el público (dentro del cual están los señores padres) tienen acerca del árbitro de turno.

No me queda otra que pensar que la cosa funciona así: existe una escuela de árbitros multideporte, en donde se los instruye acerca de cómo envenenar la vida de la gente permanentemente. Esa es la misión del referí. El perfil es ser mala gente, el objetivo: amargar a todos, pero de a uno por vez.

¿Será así este tema? Estoy convencido que no. Aclaración: en mis más de 20 años como jugador de básquetbol, en muchas ocasiones también le podría haber echado la culpa a los jueces de perder ese partido tan importante.

Nadie se sorprenderá si afirmo que hay verdaderos bochornos en las inmediaciones y/o en las canchas donde juegan los chicos (ni qué hablar cuando juegan los grandes), y una noticia confirmada: no pasa solamente en el fútbol. Para nada.

Sí es el fútbol el que nos brinda un claro ejemplo de cómo solemos pensar, sentir y actuar, si de árbitros se trata. Acá va: ¿quién fue Humberto Codesal? Haga un poquito de memoria… sí, ¡acertó nuevamente! Codesal fue el maligno enviado por Lucifer, que nos privó, a nosotros, víctimas eternas, el levantar la Copa del Mundo en Italia 1990, al cobrar ese penal que nunca existió…

Ahora pregunto a los lectores: ¿cómo se llamaba el excelente juez que cobró el gol con la mano de Maradona a los ingleses en el 86? Vamos, no se desanime, trate un poquito más que seguro que sale el nombre… Le doy 5 minutos para que lo busque en Internet, yo me hago el distraído y nadie queda mal…

¿Ya lo encontró? Sí, yo también lo tuve que buscar: Ali Bennaceur. Tunecino bendito si los hay. Para la protesta y la queja hay memoria, para la trampa no (viveza criolla, que le dicen).

¿Qué le enseñamos a nuestros jóvenes cuando insultamos en la cancha al referí? ¿Por qué está instalado que la figura del árbitro debe recibir nuestra faceta más despreciable, y encima está bien que lo hagamos? ¿Dónde queda la coherencia adulta cuando nuestros propios hijos nos ven haciendo desmanes en un espectáculo deportivo? ¿Qué valores de los que decimos que nuestros hijos crecen por estar dentro del deporte estamos fomentando cuando nos escuchan ellos mismos referirnos a la madre, la hermana y la lora del referí?

Algún psicólogo ilustre hace varios años dijo: “El ser humano aprende, ante todo, por lo que observa”.

Alguno puede pensar que esto no es importante, que solamente lo hace cuando va a la cancha, que por otro lado es la cancha la que cumple la función de que se descarguen todas las broncas de la semana, sean del trabajo o de la casa, da igual. Que los chicos entienden, ellos saben que eso no se debe hacer, pero bueno, la emoción es más fuerte. Al fin de cuentas, eso es lo lindo del deporte, ¿no? La emoción.

Además, la mala intención inunda la moral de muchos árbitros, y ese es el problema: el árbitro es “mala leche”.

Pregunto: de qué clase de lácteo estamos hablando entonces, cuando un jugador desea que otro se lesione, o cuando un entrenador espera en silencio, pero con todo arreglado, que le vaya mal a un colega, o cuando un dirigente festeja el fracaso de su institución para tener el poder en el próximo período, ni qué hablar cuando un padre espera que el hijo de un compañero “dé asco” para que el suyo sobresalga.

¿Tendrán que ver las “pequeñas” actitudes y comportamientos que tenemos en la cancha si de crear ambientes deportivos sanos se trata? Que errar es humano, y que la mala intención existe desde que el mundo es mundo, no cabe duda. Que alentemos a nuestro hijo cuando nos diga “quiero ser árbitro”, sí cabe duda. ¿Será así la cosa?

Hasta la próxima columna.

CÉSAR BERNHARDT
Socio Gerente de Match Gestión en Deporte

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Formación integral, esa hermosa frase


Cuántas veces hemos hecho de nuestras palabras una herramienta poderosa al decir “apuntamos a la formación integral del joven, porque antes que el deportista, está la persona”. ¿Qué significa formación integral?

Lo confieso: tantas veces he escuchado hablar de la formación integral en mis años de deportista, en tantos contextos y situaciones diferentes, que me dije: “ese es el norte”. Cómo habrá sido el norte que ya en épocas de colegio secundario (y ni qué hablar cuando ingresé a la universidad) la comencé a utilizar como carta ganadora en todos los trabajos escritos encomendados cuando había que enumerar objetivos que contuvieran a la persona y al deporte simultáneamente.

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Celular, Internet y la Play…


Cuando se intenta explicar las causas de la deserción deportiva o la falta de constancia en los procesos deportivos de categorías formativas, estos tres factores son en varias oportunidades los “demonios” a los que se adjudican dichos males. ¿Será así?

”Acá lo que pasa es que los chicos están todo el día “idiotizados” con la maquinita…”. “En mi época, no existían estas cosas, y jugábamos todo el día al básquet…”. “Así no va… ¿qué nos depara el futuro con estos chicos…?”

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La formación de los que forman


La oferta en capacitación para los entrenadores goza de una tradición que ya tiene décadas. Sin embargo, no siempre estos espacios conforman todas las expectativas de sus mismos protagonistas. Entonces, ¿cuáles podrían ser las oportunidades de mejora en función de las experiencias previas?

“Mirá, la verdad que las últimas tres clínicas fueron más o menos lo mismo”.  “Al final, uno va como disertante, y la mitad del auditorio escucha, mientras que la otra mitad charla con los amigos”. “Todo bien con lo que dice esta eminencia, pero yo en mi club tengo dos pelotas, 10 pesos para traer jugadores, y si pierdo tres partidos seguidos, me quedo sin el trabajo…”.

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No castigar con el deporte

Muchos padres prohíben a sus hijos concurrir al club a practicar y/o jugar cuando el rendimiento escolar es pobre. Sin embargo, en varias ocasiones no parece ser la solución.

”Se acabó el básquet hasta que no levantes esas materias”. “Tiempo para picar la pelotita sí tenés, pero para sentarte a estudiar nunca…“. Si usted cree que estas frases fueron creadas ayer por padres innovadores en los métodos para incrementar las notas en la escuela de los chicos, se equivoca. Generaciones de jóvenes deportistas, niños y adolescentes han cortado intermitentemente su práctica del básquetbol en función de cómo les iba en el colegio.
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El perfil del basquetbolista

Con qué grado de seguridad los deportistas de nuestra disciplina pueden contestar a la siguiente pregunta: ¿Cómo te definirías como jugador de básquetbol?

Todo parecería indicar que la pregunta formulada no debiera causar ningún tipo de dificultad a la hora de ser respondida. Y cuando afirmo esto me refiero a la posibilidad de que el jugador interrogado pueda dar una opinión acabada acerca de sus puntos fuertes y débiles, explicitando qué tiene y qué le falta como jugador.
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