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EL COLECTIVO (por Mariano García)

>> La tarde que tomamos un café con Mariano y acordamos su incorporación a BÁSQUETBLOG, la consigna fue clara: contar el mundo del básquet desde otro costado, lejos de la “mirada periodística” pero, al mismo tiempo, sin clichés ni lugares comunes para deportistas monotemáticos. “El Garra” debutó con una columna desopilante (“Teoría de la cara”) y ahora, mientras juega las finales de la Liga, se tomó tiempo para su segunda entrega: poco antes del segundo partido ante Peñarol, escribió “El colectivo”, otro texto con mucha frescura, que permite conocer un perfil polifacético de uno de los protagonistas de las finales: una de esas personas capaces de fajarse adentro de la cancha, por un lado, y de escribir esta columna, por el otro
// Gabriel Rosenbaun, Director Periodístico

COLUMNISTAS - Mariano García
Si a una persona en cualquier momento de su vida le preguntaran qué es lo que le gustaría hacer desde esa fecha hasta el final de su existencia, casi con seguridad se podría adivinar su respuesta: viajar, conocer el país y el mundo. Vivir en un viaje constante, de aquí para allá, conociendo gente y sus culturas, atravesando ciudades y no tan ciudades y pasando de los inviernos a los veranos incesantemente.

Nosotros, como basquetbolistas, tenemos esa posibilidad: la de viajar y recorrer, de sumar kilómetros a nuestro motor desde muy temprana edad, conocer el país y (algunos privilegiados) el mundo.

Son muchos los kilómetros que se transitan durante una temporada completa. Teniendo en cuenta que se sale a jugar de visitante cada 15 días (dos veces por mes), durante un periodo de 8 ó 10 meses que es lo que dura la temporada (según la instancia donde llegues) y en cada una de esas salidas hablamos de 2 mil kilómetros en promedio, al final de la temporada tendremos sobre nuestro lomo 40 mil kilómetros. La suma se incrementa si además tenemos la posibilidad de jugar algún torneo internacional.

Tuve este momento “reflexivo” justamente arriba de un colectivo, regresando por cuarta o quinta vez en la temporada desde Formosa, esta vez con el dulce sabor de la victoria y una clasificación a semifinales de la Liga Nacional.

Sin dudas, el colectivo es un elemento que no puede faltar en ningún equipo y en algún momento llega a transformarse en una especie de segundo hogar para nosotros, los jugadores. Es toda una cuestión intentar aprovechar el tiempo de viaje, largas horas vacías acelerando sin cesar.

Algunos le dedican este tiempo y espacio a la culturización personal viendo películas o series y escuchando música en sus dispositivos portátiles, o leyendo libros y artículos en revistas de interés social y nacional. Están aquellos que no desaprovechan estos silencios en sus líneas de tiempo personales y usan sus teléfonos para mantenerse comunicados con el mundo exterior (vía redes sociales), para cerrar algún que otro negocio o simplemente para comunicarse con sus seres queridos… ¡Y hasta mantener entredichos con la novia!

Si hay algo que nunca falta durante estos traslados de ciudad en ciudad, es el momento de la timba: en los diferentes equipos que he integrado, los juegos más jugados son el truco, el uno y el póker, pero sobre el final de esta temporada nos hemos iniciado en un juego impuesto por los foráneos del equipo… ¡el afamado dominó! El colectivo es,  quizás, el lugar y el momento de la temporada donde se maneja más dinero, se hacen más tratos, se tejen más alianzas (inclusive más que en la cancha de básquet) y se hacen más apuestas… Claro que el momento del pago de deudas siempre genera confusión y muchas veces depende de la honestidad de los acreedores.

También puedo nombrar otra clase de personajes en estos viajes, y son los que simplemente DUERMEN, quizás esperando que las horas pasen desapercibidas o tal vez intentando acumular y recuperar horas de sueño ya que sus obligaciones diarias no se lo permiten mientras están en sus hogares.

Muchos jugadores prefieren los largos viajes en colectivo y no un simple viajecito de pocas horas en avión. Está claro que viajar en colectivo no es algo que elegimos nosotros, sino que es impuesto desde los clubes y responde a una cuestión económica.

Mariano García - avioneta

Quizás el temor al viaje en avión se relaciona con una mala experiencia o una situación incómoda: este año nos toco viajar a Comodoro Rivadavia (el viaje más largo de la temporada) y por supuesto se eligió ir en avión desde Buenos Aires porque queda extremadamente lejos. Todos estábamos entusiasmados porque nos íbamos, al mejor estilo NBA, en avión privado y nos permitía ahorrar muchas horas de viaje. El problema fue cuando llegó la hora del embarque y nos encontramos con un avión súper antiguo (funcionaba con el sistema de hélices) y chiquito, en el cual entrábamos en los lugares justos, no entrábamos parados y tampoco había baño, por lo tanto el viaje de 4 horas iba a ser un calvario. Todos sentimos un frío que nos recorrió el cuerpo cuando el piloto (que también desempeñaba funcionas de maletero) nos dijo al ver uno de los bolsos gigantes que contiene toda nuestra ropa de equipo: “Muchachos, ¡¡éste va adelante así hace contrapeso!!”.

Hasta la próxima.

TEORÍA DE LA CARA (por Mariano García)

Mariano García
A lo largo de la historia de la Humanidad siempre fue menester verse bien. Dicen que todo entra por los ojos. Ahora que vivimos en un mundo megadigital, que es una platea, una butaca donde todos ven todo (y a la vez nada) es sumamente importante tratar de impresionar con una buena imagen y mostrar nuestra mejor cara. ¿Cuántas veces hemos hecho repetir fotos hasta vernos bien  lindos en la pantallita de la cámara? ¿Cuántas veces  practicamos nuestra mejor sonrisa en alguna toma? ¿Y cuántas fotos han sido eliminadas por vergüenza? A todo esto lo podemos manejar.

Las personas a veces realizamos alguna actividad deportiva, algún esfuerzo físico, vamos al gimnasio, corremos o (en mi caso) jugamos al básquet… Y específicamente desarrollamos nuestra actividad frente a otras personas que nos miran, nos evalúan, nos gritan cosas y… ¡nos sacan fotos!. En esos momentos, ¿podemos manejar nuestras expresiones? ¿Podemos ensayar una buena sonrisa en el momento justo? ¿Podemos poner nuestro mejor perfil a disposición del fotógrafo? La respuesta a todas las preguntas es ¡NO! A todo esto no lo podemos manejar: está más allá de nosotros.

Párrafo aparte para los profesionales de la fotografía, dotados de una mirada única, diferente, capaces de lograr otro punto de vista (ayudados por un lente y un zoom), para capturar el momento, el golpe justo, la boca abierta, la lengua afuera, los ojos desorbitados, la cara no deseada. ¡Mis felicitaciones para ellos!

Ahora, basquetbolísticamente hablando, nos enfoquemos en otra cuestión: ¿la cara ayuda? ¿Tiene alguna función particular? ¿Nos da fuerzas? ¿Nos hace jugar mejor? ¿Nos permitirá resolver situaciones más fácilmente? ¿Algún rival o árbitro nos tendrá compasión si hacemos determinada cara? En fin… ¿por qué hacemos esas caras (tan feas algunas)? Resulta muy gracioso ver jugadores en pleno partido con cara de estar inflando un globo, con cara de que se me cayó un ojo, cara de mesita de luz con el cajón abierto, cara de ahogado, cara de susto, cara de perro que te agarra la yugular y no te suelta más, o la simple, famosa y por cierto muy de moda… ¡cara de póker!

¿Cuál será el significado y la verdadera utilidad de las diferentes caras? ¿Son lo que aparentan ser? No creo. Quizás simplemente responden al esfuerzo físico del momento. Quizás sea una forma de rebelión, la manera y oportunidad que tiene nuestro cuerpo enojado y fastidioso para liberarse y expresar sus propias emociones aprovechando que nuestra mente esta momentáneamente preocupada en resolver otras cuestiones como alguna bandeja, o un pase que llegue a destino, que un contrincante no convierta su lanzamiento, etcétera.

O quizás (y cuidado con esto) estemos en presencia del futuro de básquetbol y en un futuro algún entrenador visionario comience con clases de fundamentos individuales para “cara”. También será trabajo de los preparadores físicos incluir en las pre-temporadas trabajos específicos para esa infinidad de músculos nunca entrenados.

Los jugadores menos prejuiciosos, más audaces y con ganas de progresar, ¿asistirán, como entrenamiento extra, a talleres especializados en mímica?

Volviendo al noble trabajo de los fotógrafo: quizás ellos también sean el futuro de nuestro deporte y que cada equipo tenga un “foto-scouter” analizando las fintas de caras individuales, los trucos de cada jugador.

Personalmente tengo la suerte de conocer colegas/amigos muy talentosos que ya saben utilizar muy bien la finta de cara (¡y de ojos!). Talentosos en serio, como pocos. Tal vez en un tiempo, pueda ser un privilegiado en contar que tuve el placer de jugar con los “Magic”, los “Bird” o los “Jordan”  de los fundamentos de cara. ¡Ojala así sea!

Caruchas animación

Fotos: animación con fotos extraídas de Ligateunafoto.com, LNB.com.ar, Gentileza Ignacio Niño, FibaAméricas.com y captura web