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Súper 4: el mismo amor, la mejor despedida

Después del retiro, Oberto volvió a jugar. Felicidad para la Generación Dorada.

La visita de la selección argentina llegó a su fin. Pero no cualquier final. Es que de la Generación Dorada siempre se puede esperar un poco más. El público cordobés no faltó a la cita: enamorado y seducido, colmó el Orfeo, expectante con ganas de ese poquito más. ¿Los jugadores?, claro está, no iban a decepcionar.

La noche prometía emoción desde el comienzo. Bastó que Fabricio Oberto ponga un pie en el parquet para que el público hiciera llover la primer ovación de la noche.

Nocioni alza la copa, Delfino y Jasen festejan a un costado y Ginóbili aplaude en el otro extremo. El paso de Argentina por Córdoba terminó en fiesta total.

Brillante defensa, mejor ataque, Argentina fue imparable. Del otro lado, Venezuela, que en la previa se asomaba amenazante, se desdibujó en minutos. No hubo partido. Fue una exhibición, un monólogo argentino, un concierto de pases, un canto al talento. Fue ese regalo especial, fue ese “plus”, fue ese “más” que siempre se debe esperar cuando estos jugadores se visten de celeste y blanco, cuando se pintan de dorados.

Delfino mostró su enorme talento en el Orfeo. Greivis Vásquez, la estrella NBA de Venezuela, sólo lo mira pasar.

Ovación tras ovación, esta historia de amor, no podría haber terminado mejor: campeones, apabullando a un respetable rival, en lo que todos coincidieron como el mejor partido desde que empezó la preparación. Ginóbili, el gran ídolo, brilló con luz propia. Oberto volvió y se llevó aplausos de la gente, afecto de sus compañeros y elogios de su entrenador. Y “Juampi” Figueroa, que tuvo sus minutos, mostró lo que puede hacer, mimado por el público cordobés. Y mil cosas más, colectivas e individuales, que estarán por siempre en la memoria de los basquetboleros de la Docta.

La Generación Dorada seguirá su marcha hacia el Preolímpico, conquistará nuevas ciudades y enamorará un nuevo público, pero como un amor de verano fugaz e inolvidable, de esos que dejan marcas, no se los olvidará por estos pagos. El público cordobés seguirá disfrutando de este romance, a la distancia, soñando con reencontrarse para que este amor dure un poco más.

Informe: Diego García

Fotos: Gentileza Ignacio Niño

Video: Lamas hace un balance del Súper 4

Los Dorados y Córdoba tuvieron otra cita

Ginóbili es pura risa, durante la entrada en calor

La visita de la Generación Dorada a Córdoba se pone cada vez mejor. Es que se ha generado un delicioso ida y vuelta entre el público y los jugadores. Este romance que comenzó el jueves por la mañana en la Plaza de la Intendencia y continuó, por la noche, en el entrenamiento a puertas abiertas del estadio Orfeo, tuvo un nuevo capítulo durante el primer partido del equipo argentino en Córdoba, frente a Cuba.

Scola volvió a jugar y Delfino mostró su enorme talento

A pesar de que no alcanzó a haber lleno total (alrededor de 6.500 personas) y que, tal vez, el recibimiento no fue tan efusivo. Se siente, se nota: hay química, una relación de confianza, un toma y dame entre los cordobeses y los Dorados.

Desde el calentamiento previo, la gente se dedicó a llamar la atención de los jugadores, se preocupó por obtener una mirada, una pose para la foto. Los jugadores, amables, devolvieron saludos, guiños y sonrisas. Sobre todo, uno que jugaba de local: Juampi Figueroa.

Figueroa jugó "de local" y fue pedido por el público.

El público saltó con silbidos y reproches hacia los cubanos cuando estos se pusieron físicos con los argentinos. Nuestras estrellas respondieron con lujos, caños y hasta un alley oop entre Pepe Sánchez y Manu Ginóbili. Incluso desde las tribunas no se olvidaron de Juampi, quien todavía no había entrado, pidiendo y ovacionando la entrada del ex Atenas. Pidieron otra vez por Pepe, por Manu. Que no se sentara nadie (si podían, habrían querido que jugaran siete u ocho del lado argentino).

Cada vez que Manu tuvo la pelota, el Orfeo hizo "ooohhh".

En la cancha, cuando se venían los cubanos, los argentinos respondieron con defensa sin escaparle al roce. Estaba claro que no iban a decepcionar a su público enamorado. Se brindaron para que este amor continúe, porque esta visita de la generación dorada, ya inolvidable, quizás irrepetible, aún no termina y en la noche de este sábado, en la final contra Venezuela, habrá otra cita.

Informe: Diego García

Fotos: Gentileza Ignacio Niño

Atenas cayó ante Peñarol y deberá ganar los tres juegos restantes para ser campeón

Atenas - LamonteKyle Lamonte, goleador del juego con 22 puntos, superó a todos sus marcadores y fue figura en el Orfeo.

Bastó el arranque de la segunda mitad, para confirmar lo que era, hasta ese momento, una sensación. Porque se repitió la historia. Tal cuál como sucedió en Mar del Plata (sobre todo en el primer juego), Atenas no se encontró en toda la noche y volvió a perder ante Peñarol categóricamente, esta vez 86-59, para quedar 1-3 en la serie y a un paso de perderlo todo. Desdibujado por donde se lo mire, falto de confianza y sin respuesta anímica, el conjunto cordobés dejó una imagen bastante pobre. Casi utópica, si todavía se piensa en soñar.

Los cordobeses jamás pudieron prevalecer, nunca pudo atacar con inteligencia, le cerraron todos los espacios, abusó del tiro exterior (4/22 en triples, 18%), y abolló el aro toda la noche (36% en tiros de campo). Por su parte, los marplatenses apostaron a la defensa y el contragolpe en la primera mitad. Una vez que tomaron ventaja, circularon la bola con llamativa facilidad y lanzaron siempre cómodos (54% en triples y 58% en tiros de campo). Además, y por si fuera poco, tomó el doble de rebotes que Atenas (42 contra 21). Números que sintetizan la enorme diferencia.

Como a lo largo de toda la serie, Leo Gutiérrez provovó mucho daño desde el perímetro.

Dejando de  lado los primeros cuatro minutos, en los cuáles atacó y defendió con criterio, el conjunto de Sebastián González desapareció. Rápidamente perdió el orden ofensivo, no pudo jugar nunca más cómodo y aflojó en defensa. A esa altura, Kyle Lamonte (22 puntos y 75% efectividad), hacía lo que quería y cerró el primer parcial 19-18 para los visitantes. Y en ese momento, se produjo el quiebre. Con un parcial de 9-0, y con un Leonardo Gutiérrez encendido (20 tantos y 5 triples), Peñarol se escapó 28-18. El elenco de barrio General Bustos tardó poco más de cinco minutos en convertir en el cuarto y la diferencia era enorme. Ni siquiera funcionaba desde la línea de libres (0/5 en ese pasaje). Los visitantes sacaron la máxima y se fueron al vestuario 36-24.

La vuelta no fue muy distinta. El “verde” volvió muy ansioso y lo que menos provocó fue una reacción. La desesperación fue ganando protagonismo y todo era más difícil. Lejos de relajarse, los de Sergio Hernández se propusieron liquidarlo y, desde el perímetro, fueron aumentando cada vez más la distancia para terminar arriba por 21 (58-37). El capítulo final de poco sirvió. Tal como pasó en los tres cuartos previos, Atenas erró más de lo que convirtió y la grieta era cada vez mayor. Ya había concluido todo. Sin margen de error (está obligado a ganar los tres juegos restantes para ser campeón), los cordobeses irán a Mar del Plata a jugarse las últimas fichas de un serie que pareciera haberse inclinado en demasía.

Fotos: Gentileza Ignacio Niño.

Con mucha garra, Atenas superó a Peñarol y se puso 1-2 en la serie final de la Liga Nacional


AbrazoBruno y Felipe Lábaque se estrujan en un abrazo.

Recuperándose de la deslucida imagen dejada en los dos primeros juegos como visitante, y reencontrándose por momentos con su mística y su identidad, Atenas mostró parte de su esencia y se impuso a los marplatenses por 73-69. El miércoles, también en el Orfeo, se juega el cuarto juego de la serie.

Era una doble batalla: por un lado, los dirigidos por Sebastián González precisaban ganar este juego para impedir que el actual campeón quede a sólo un partido de revalidar su título; pero, por el otro, y quizás haya sido lo más importante, el Verde necesitaba vencerse a sí mismo y dejar de lado todo aquello que rodea a un equipo novato, en su mayoría, en una serie final. Y lo logró.

Los nervios que aparecieron en Mar del Plata se hicieron presentes en los primeros minutos del partido, y fue allí donde Peñarol pudo hacer pie para sacar una primera diferencia. Un parcial inicial de 11-4 para los dirigidos por Sergio Hernández (Kyle Lamonte fue fundamental con sus penetraciones) aumentó la densidad de las aguas por las que debía remar el barco verde. Sin embargo, rápidamente y gracias al aporte de varios remeros (hubo una importante rotación), entre los que se destacaron James Williams y Bruno Lábaque, el equipo cordobés encontró el rumbo que lo llevó a estar bien cerca al finalizar los primeros 10 minutos (11-14).

A pura potencia, y con volcadas como ésta, James Williams arrancó los primeros aplausos en el Orfeo cordobés.

La levantada de Atenas continuó y llegó a pasar al frente, tras un buen ingreso de Mariano García y Miguel Gerlero, que por fin se reencontró con el aro (25-21). Aunque otra vez, las imprecisiones sobre el final del segundo segmento, volvieron a alejar al Milrayitas (35-43), que sin la efectividad descollante ni la comodidad de la que gozó en el primer par de partidos, se las ingeniaba para encontrar el cesto.

El regreso de los vestuarios llegó con otro aire para los locales. Imponiendo su presencia, cada cruce, de los tantos que hubo, ahora los encontraba en igualdad de condiciones. Así fue que, poco a poco, comenzaron a tomar protagonismo en el escenario cordobés y quedaron a sólo un punto de la paridad al entrar en la última manga (55-56). Greg Lewis y Williams claramente no tuvieron su mejor noche, pero aportaron para generar incomodidad y segundas oportunidades, bajo uno y otro tablero.

En el último parcial, todos jugaron para Atenas: la gente, la experiencia de Lábaque y Lescano, la energía de “los pibes”  y la desesperación de Peñarol por saber que el 3-0 no estaba tan asegurado, fueron los condimentos que produjeron un cierre favorable para el Griego.

GerleroDesahogo para Gerlero, que comenzó a amigarse con el aro.

Ahora, con la serie 1-2, el equipo cordobés se relame por igualar las cosas el mañana miércoles cuando, otra vez en el Orfeo, vuelva a enfrentar a los marplatenses.

Síntesis
Atenas:
Bruno Lábaque 15, Juan M. Rivero 0, Matías Lescano 9, Greg Lewis 12 y James Williams 14 (fi); Pablo Orlietti 0, Diego Gerbaudo 7, Miguel Gerlero 10, Mariano García 6, Felipe Pais 0, Bruno Barovero 0. DT: S. González.

Peñarol: S. Rodríguez 13, Kyle Lamonte 18, Nicolás Lauría 0, Leonardo Gutiérrez 19 y Martín Leiva 2 (fi); Facundo Campazzo 3, Selem Safar 7, Marcos Mata 2, Alejandro Diez 5, Alejandro Reinick 0.  DT: Sergio Hernández.

Árbitros: Daniel Rodrigo, Diego Rougier y Roberto Smith.
Parciales: Atenas 12-Peñarol 14; 35-43; 55-56; 73-69.
Cancha: Orfeo.

Fotos: Ignacio Niño.

Para empacharse: galería de fotos del Juego

Rosco
Mirá la galería de fotos de Ignacio Niño y Esteban Camandone. Recuerdos imborrables de la 23º edición del Juego de las Estrellas.